Pre-textos preparatorios... - "El superhambre" - Por Fátima Alemán


Pre-textos preparatorios

Hacia el II Encuentro de Psicoanalisis con la Historia y la cultura

LOS SINTOMAS DE LA CULTURA:
Insistencia del ¿quien soy?
-consumos, adicciones, cuerpos, identidades-


Misiones, Posadas, 25 de marzo, 15 hs. (Alianza Francesa).



En este texto resumido, Fátima Alemán retoma la práctica de hacer de la literatura un síntoma que enseña algo al psicoanálisis.

La descripción que escribe Amélie Nothomb en su libro "Biografía del hambre" de los modos de sustracción y apego al objeto comida con el efecto de un nombre ("superhambre") viene a situar bien el fenomeno de la anorexia.

¿Ser o tener un cuerpo? la pregunta no es la de Hamlet sino de la una voz que "come nada" en el objeto oral.

Figuras literarias de la anorexia, otrora la histeria fragmentada, hoy ofrecida a los discursos de la cutura que idealizan -cual superyo materno- la imagen de un sujeto.-

Enrique Acuña



La superhambre


Anorexias-bulimias son ciertamente síntomas de la cultura del consumo. Por su rasgo negativo, “no consumen”, “consumen nada” o “consumen todo menos comida”, se imponen como identidades prêt-à-porter, sobre todo en el mundo de los jóvenes ávidos de nombrarse de algún modo. Como síntoma social, anorexias/bulimias son nombres que dan cuenta de la relación que tiene un individuo con el cuerpo, pero sin cuestionar allí qué elección hay en juego.

Como síntoma para el psicoanálisis, donde cuenta lo particular del caso, la forma de nombrarse (identificación) es justamente lo que importa pues sólo así es posible acceder a la satisfacción paradójica la sostiene.

¿Cómo explicar la parálisis de una pierna sin una causa orgánica? ¿Cómo dar cuenta de una perturbación de la visión si el órgano comprometido se sustrae de su función orgánica? Desde el descubrimiento freudiano de la razón inconsciente conjuntamente con una teoría de la sexualidad sostenida en el concepto de pulsión, lo natural del cuerpo se pierde: ningún objeto satisface a la pulsión. Como dice Enrique Acuña, “hay al menos dos cuerpos: uno puro organismo biológico, y otro segundo, resultado de la incorporación del lenguaje. Este resignifica al otro por retroacción y permite una apropiación –no de “ser” sino de “tener” un cuerpo- como relato capaz de ser significado parcialmente en la experiencia analítica”[1].

Por lo tanto, desde el psicoanálisis, no es la necesidad lo que jaquea la anoréxica en su rechazo al alimento, sino la dimensión simbólica del deseo. Es la evidencia del deseo como insatisfecho. La anoréxica muestra entonces la topología de un cuerpo marcado por zonas erógenas, un cuerpo agujereado por donde se filtra el lenguaje.

Para ejemplificar esto, resulta interesante el testimonio de la escritora belga Amélie Nothomb en su libro Biografía del hambre[2], donde la anorexia como “experiencia límite” da cuenta del pasaje del cuerpo totalizado de la infancia al cuerpo fragmentado y erogenizado de la adolescencia. Una de las voces más personales de la nueva literatura europea, con un estilo donde resalta lo autobiográfico, Nothomb explora una vez más el conflictivo tránsito hacia la adolescencia a partir del hambre como motor de la historia.

Siendo hija de un diplomático belga, su vida prosigue un destino nómade: Japón, China, Nueva York, Bangladesh, Burma, Laos, hasta los 23 años, donde se afinca en Bélgica.

En cada lugar de residencia, el hambre actúa como vehículo: ¿qué es el hambre? “Por hambre yo entiendo esa falta espantosa de todo el ser, ese vacío atenazador, esa aspiración no tanto a la utópica plenitud como a la simple realidad: allí donde no hay nada, imploro que exista algo”. Pero el hambre también aparece para esta autora como deseo, “el hambriento es un ser que busca”, y su infancia testimonia de ello: un apetito extremo por las golosinas, por el alcohol, por el agua. Hay también una constelación familiar que le permite nombrarse –al mejor estilo nietzcheano- como “la superhambre”: “mi padre era bulímico, mi madre estaba obsesionada con los alimentos, mis dos hermanos mayores eran normales. Yo era la única que estaba en posesión de aquel tesoro, que sería la fuente de ambigua vergüenza a partir de los seis años, pero que a los tres, a los cuatro, se me aparecía como lo que era: una supremacía, la señal de una elección”. El paso por la anorexia se produce en esta autora-protagonista con la entrada a la adolescencia: “seguía siendo tubo, pero en mi espíritu se iniciaba ya la dislocación de la adolescencia”[3].

Bien freudiana, el desarrollo del cuerpo y el deseo por un joven inglés dio lugar a una voz nueva e imperativa: “La nueva voz era tan fuerte que en adelante impedía engañarse a sí mismo. En adelante, cuando intentaba recuperar aquel hilo narrativo, la nueva voz se interponía y sólo admitía el anacoluto”. El cuerpo infantil divinizado hasta el extremo se transformó entonces en un cuerpo fragmentado y extranjero: “todo se convirtió en fragmento, rompecabezas en el que cada vez faltaban más piezas”. La metamorfosis de Kafka se convirtió “en mi historia”. Finalmente, el día de su Santa, dejó de comer: “En Bangladesh, me habían enseñado que el hambre era un dolor que desaparecía muy de prisa: uno sufría sus efectos sin sufrir más dolor”. Fue así que se produjo el milagro: el hambre desapareció.

Es interesante destacar la transformación que provoca el despertar sexual en el deseo infantil: de un hambre infinito y sediento de novedad se pasa a un hambre doloroso y mortífero. Como bisagra del pasaje, la voz del superyó opaca el deseo y exige gozar. “La anorexia fue una bendición para mí: la voz interior, subalimentada, se había callado; mi pecho volvía a ser plano a las mil maravillas; ya no sentía ni una pizca de deseo por el joven inglés; a decir verdad, ya no sentía nada”.

Podemos agregar que esta resultante “sentir nada” coincide con el paradigma de la anorexia que Lacan formula en su Seminario sobre La relación de objeto: “Ya les dije que la anorexia mental no es un no comer, sino un no comer nada. Insisto –eso significa comer nada. Nada es precisamente algo que existe en el plano simbólico”[4].

Dice la autora: “La anorexia me había servido como lección de anatomía. Conocía ese cuerpo que había descompuesto. Ahora se trataba de reconstruirlo. Por extraño que parezca, la escritura contribuyó a que así fuera. Aquel esfuerzo constituyó una especie de tejido que luego se convirtió en mi cuerpo”.

Este ejemplo que nos enseña sobre el “tener” un cuerpo en la anorexia, sin embargo, no debe hacernos pensar que la cura se alcance sólo por la escritura. En el caso de Nothomb algo de eso funcionó, por la vía de lo autobiográfico. Sabemos que la experiencia del psicoanálisis como lazo social inédito permite acceder a un nombre de goce pero con una transformación que implica cernir lo incurable. Identificarse a la anorexia no es identificarse al síntoma.-

En otros términos, que tal vía del síntoma, si es abierta cual caja de Pandora en un análisis, posibilitaría el alivio de cierta aproximación a un saber ignorado y eficaz a la vez de limitarlo.

Fátima Alemán


Notas

[1] Acuña, Enrique: “Hecho para gozar -El cuerpo escrito de Anaïs Nin-”, Revista Conceptual nº8, 2007.

[2] Nothomb, Amélie: Biografia del hambre, Ed. Anagrama, 2006. Incluyo aquí un extracto del texto “Anorexia y escritura”, publicado en la revista Conceptual nº 8 – Octubre 2007.

[3] Hay otra novela de A. Nothomb que aborda el cuerpo en términos topológicos: Metafísica de los tubos.

[4] Lacan, Jacques: El Seminario 4 La relación de objeto, Ed. Paidós, pág.185.


Pre-textos preparatorios... - "Semblanzas reales -De los meteoros a Internet" - Por Enrique Acuña


Pre-textos preparatorios

Hacia el II Encuentro de Psicoanalisis con la Historia y la cultura

LOS SINTOMAS DE LA CULTURA:
Insistencia del ¿quien soy?
-consumos, adicciones, cuerpos, identidades-


Misiones, Posadas, 25 de marzo, 15 hs. (Alianza Francesa).



Presentación

El día viernes 25 de marzo realizaremos el segundo Encuentro de Psicoanálisis con la Historia y la Cultura que reúne a analistas de distintas ciudades como Asunción, Encarnación, Corrientes, Buenos Aires, La Plata y Posadas.

Mediante una serie de envíos de los cuales éste constituye el primero queremos plantear a modo de adelanto las diversas problemáticas que abordaremos invitándolos a la lectura primero y la conversación después, en el momento del encuentro.

Se trata de un fragmento del artículo de Enrique Acuña “Semblanzas reales. De los meteoros a internet” publicado en Resonancia y silencio. Psicoanálisis y otras poéticas. EdULP. La Plata. 2009.

Ahí el autor ubica el malestar en al cultura actual a partir de la tensión entre Psicoanálisis, Ciencia y Humanidades, tres modos de tratamiento del goce que tiene efectos diferentes.

El psicoanálisis causa en su experiencia un deseo inédito ligado a un nuevo saber, mientras que la Ciencia -vía la técnica- cambia el saber en lo real con objetos de la realidad utilitaria. El Humanismo –la docta ignorancia- queda entre ambos como tierra fértil para división del sujeto ($) con sus nuevos síntomas.-

Christian Gómez



Semblanzas reales -De los meteoros a Internet


ENTRE EL HUMANISMO Y LA CIENCIA

Freud describió el malestar de su Kultur –el cielo de aquella época– bajo la influencia de la guerra. Eso tal vez le permitió escribir a Einstein una carta acerca de las causas de su angustia. Causas ignoradas por el inventor de un objeto atómico que demostraba que el sujeto no quiere su bien y puede ir contra sí mismo.

Su esquema de la cultura es paradójico, supone, por un lado, la construcción de una serie de recursos simbólicos que permiten distraer al sujeto del dolor, pero, por otro lado, el sueño romántico no lo satisface: hay huecos, restos, hay algo fuera de los recursos de la representación.

Optimismo, entonces, en la eficacia de lo simbólico por sobre lo real, y pesimismo ante la evidencia de retorno del desorden en los huecos de lo humano. Entre la renuncia del superyó y la exigencia pulsional, el malestar de Freud refleja el humanismo de su época, pero la realidad es un juicio que depende del principio del placer como algo que empuja más allá: hay goce.

Máscaras de lo real, para Lacan ese orden simbólico de la civilización está subordinado al superyó, la contradicción propia de la existencia del sujeto como dividido por una voz que ordena gozar.

La cultura crea un campo semántico en el que se encarna esa nueva guerra –ahora subjetiva– entre la realidad virtual de los objetos técnicos y la realidad de los discursos. El malestar es un efecto del discurso de la ciencia.41

Jacques-Alain Miller diagnostica la actual crisis de lo real como un momento de incertidumbre en el que se creería que el Otro de lo simbólico –el inconsciente mismo– no existe. Frente a ello, los semblantes se multiplican produciendo nuevas ofertas de satisfacción a la vez que la nominación de esos goces particulares y diferentes construyen la formas de universales homogéneos 42.

Un ejemplo es la ley del mercado y sus productos, llamados por Lacan lethusas, objetos listos para llevar que funcionan como señuelos para el consumo, a la vez que generan una atmósfera de verdad (aletheia). Como el arco iris y los cometas, se trata de las semblanzas reales entre la naturaleza y la cultura, los modos de dar sentido a lo real que ahora dependen no sólo de las tradiciones narrativas, sino del lenguaje de la ciencia.

Es el ejemplo que hace Lacan en 1970 –El reverso del psicoanálisis– de las ondas de radio, que permiten volar al astronauta en el espacio gracias a una suerte de comunicación asistida, como si fueran realidades más eficaces que evitarían el lapsus sui generis del humano.

Mientras tanto, las sociedades padecen el relativismo cultural (humanista), lugar donde habitan aquellos que Lacan llamaba en los años sesenta los «hombres de la verdad», el agitador revolucionario, el escritor que con su estilo marca la lengua, figuras desplazadas ahora por otras como la del híbrido globalizado o el religioso ecologista.

En oposición a la verdad, el saber que en ellos se cultiva ignora sobre la causa singular de cada uno en la masa, de ahí que Lacan los ubique dentro de la «docta ignorancia». Sólo entonces se puede producir una desarticulación del discurso del amo, cuando la técnica como agente (S1) genera un otro del saber (S2) que divide el campo semántico de las humanidades que producen síntomas ($), desde donde puede operar el psicoanálisis como llamado a un deseo de saber.

El deseo del analista (a) es ahí un doble desecho –bajo la barra de la forclusión de la ciencia–, ya que rechaza operar con ese saber tanto como con la verdad de las humanidades: «El saber científico ha trasmitido a los desechos de la docta ignorancia un deseo inédito».

Esta es la paradoja central que nos interesa: es necesario que exista la ciencia como pareja del psicoanálisis para que este juegue su partida, o, dicho de otra manera, lo rechazado en un campo de realidad retornará indefectiblemente como real en otra escena.

Podemos relacionar estos tres modos de operar con lo real: la ciencia, la humanidad y el psicoanálisis43. Al mismo tiempo, habría que demostrar el desplazamiento de términos que conducen al fin propio de la experiencia analítica cuando se produce otro real, diferente de la ciencia, el objeto (a)


Ciencia
Humanismo
Psicoanálisis


/...... técnica (S1) ............/........... síntoma ($) ............./.............(a)

Saber en lo real
docta ignorancia
deseo de saber



(continua)

Enrique Acuña


Notas

[40] Este escrito resume las dos últimas clases del seminario «Construcciones de la realidad –psicoanálisis en las culturas mediáticas», curso de postgrado dictado por el autor en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, 1999. Publicado en revista Versus N° 1, La Plata, 2000.

[41] Jacques Lacan se refiere al caos cósmico y a «esos astronautas [...] que estaban acompañados todo el rato por ese (a ) minúscula de la voz humana» en el Seminario 17, El reverso del psicoanálisis, en especial en el capítulo XI, «Los surcos de la alethósfera», donde se adelanta a las diferentes operaciones del sentido con lo real desarrolladas en «La tercera».

[42] Véase la conferencia de Germán García en la Facultad de Periodismo de la U.N.L.P. titulada «Una intervención», donde hay una aclaración sobre cierta posición nominalista en el método de Freud. Publicado en revista Versus N° 1, 2000.

[43] Hago un uso extendido a la técnica, el síntoma y el deseo del analista del esquema que propone Jacques-Alain Miller en el artículo «El pase del psicoanálisis hacia la ciencia: el deseo de saber», aparecido en la revista Freudiana Nº 26, Barcelona, 1999..


Invitación - II Encuentro de Psicoanálisis con la Historia y la Cultura



Invitación: IOM Delegación Posadas - Apertura Ciclo 2011



De patéticos y entusiastas -poética y política en psicoanálisis - Por Enrique Acuña

De patéticos y entusiastas

-poética y política en psicoanálisis-



La catarsis es ahí el apaciguamiento obtenido a partir de cierta música

de la cual Aristóteles no espera ni cierto efecto ético

ni tampoco cierto efecto práctico, sino el efecto del entusiasmo.


Jacques Lacan (1959)



La comparación entre la experiencia trágica en la Poética aristotélica con la experiencia analítica -tal como la realiza Lacan en ese Seminario- implica distinguir diferentes finalidades del logos como potencia creadora del lenguaje. El entusiasmo, como resultado de la transformación curadora del pathos, será tanto una pretensión de saber como efecto final común a ambas experiencias.


Poética y Política en Aristóteles y Freud

Releyendo la Poética desde la perspectiva de Lacan encontramos que es la Katharsis el procedimiento que permite transformar una representación primera (R1) –la obra trágica- al pasar por un público que interpreta con su representación fantasmática (R2). Lejos de la abreacción fisiológica de Breuer, se trata de una purificación de las pasiones al producirse una comunión teatral entre el personaje de la tragedia y la Mímesis (imitación) que realiza el espectador. En ese circuito se liberan los afectos de temor y conmiseración.

Cito: «La tragedia es, pues, imitación de una acción elevada y completa, que posee una medida: con un lenguaje sazonado (agradable) con cada una de las especies, por separado en las distintas partes; actuando y no por medio de una narración; y que a través de la conmiseración y el temor, produce la purificación de esos afectos.» (1)

En toda tragedia hay seis partes constitutivas: el mito o trama, los caracteres, la elocución, el pensamiento o ideología, el espectáculo y el canto musical.

Si bien la música parece secundaria, interviene en la voz del coro que representa la doxa, la opinión común, el bien de la ciudad. El coro escande su síncopa melódica en las intervenciones que comentan al héroe o lo sancionan. Es recién en Política donde Aristóteles subraya la inducción de los «cantos entusiásticos» que funcionan como terapéutica, dando serenidad para la educación: «el justo medio, lo conveniente y lo posible. Quienes están poseídos por ese movimiento del alma parecen lograr su medicina.» (2)

Freud, sin embargo, introduce el goce como causa del mal trágico. En «Personajes psicopáticos del teatro» (texto de 1904, que guardaba el crítico musical Max Graf y que es editado recién en 1942) ubica la función del drama en la katharsis con la misma eficacia que el mecanismo del chiste y lo cómico. La identificación del espectador genera placer porque «es otro y no él», subrayando la «satisfacción masoquista» que se despierta en la piedad. Esta consideración del mal lo aleja a Freud de cualquier psicodrama.

Estas son reglas para los dramaturgos tanto como para los políticos o los amarillismos mediáticos de nuestra época: un cálculo de los resortes inconscientes de la masa en una combinatoria justa de lo bello, la harmonía y el mytho. Pero solo si es arte el objeto debe dejar un cierto equívoco, un vacío alrededor del cual se apegue lo reprimido de cada espectador.

Luego compara el error propio del héroe trágico –no sabe su destino- con el neurótico que en su hazaña remeda la eficacia del deseo reprimido. Freud recuerda a Hamlet como héroe moderno, rebelándose al destino del que ya sabe demasiado por la voz del padre, a diferencia de la ignorancia de Edipo. (3)

En su Curso «La clínica y el lenguaje de las pasiones» (1999), Germán García comentando este tópico oponía las operaciones: «Aristóteles dice que a través de la catarsis se apacigua, pero Freud conecta la catarsis con una fuente sexual dice que a través de la catarsis aumenta la excitación. Es interesante porque son dos versiones del psicoanálisis. El psicoanálisis contenedor que es apaciguar a la gente y el psicoanálisis incitante. Uno puede imaginar en Aristóteles el modelo obsesivo y en Freud, el histérico. Dice: vamos a hacer que sus pasiones reprimidas aparezcan, se excite y se libere de ellas, no en principio.»

El circuito de transformaciones del sentido de la imagen y la satisfacción liberada se puede figurar así:


a) Poética



MIMESIS


(R1) ----->(coro)------> (R2)------> temor/compasión (Aristoteles)
KATHARSIS
--------->SATISFACCIÓN (Freud)



b) Política

1- Identificación-placer estético: Ideal/ imagen i(a) (mass-media)

2– Vacío de R1 (arte)

3- Entusiasmo: pretensión / S2 (psicoanálisis)



El deseo puro y el brillo de Antígona

No resumiré aquí la obra, sino porque a Lacan le interesa esta pieza de Sófocles para ubicar dos intereses del psicoanálisis:

1) La función de la tragedia como katharsis en tanto atravesamiento del plano imaginario en el «brillo de Antígona» y el franqueamiento de las barreras del Bien y lo Bello.

2) Antígona como justiciera reintroduce la excepción de su propio bien, familiar y particular, por sobre el Bien de la ciudad universal. La acción trágica se instala «entre dos muertes» (Sade) para ubicar su propio «punto de mira del deseo» logrando un «deseo puro». No es un caso como exemplum sino una posición de saber sobre el deseo al fin de la experiencia analítica.

En esa cuestión, la depuración pasional que subraya Aristóteles, no es sin la consecuencia de un efecto de entusiasmo que supera el estado de patetismo inicial. Comentando la Política agrega: «Pero no todo el mundo alcanza esos estados de entusiasmo, aún cuando ser susceptible a ellos en alguna medida está al alcance de todos. Existen otros, los pathétikoí, en oposición a los enthousiastikoí. Al alcance de los primeros, está el ser presa de esas pasiones, principalmente la compasión y el temor. Pues bien, también a ellos cierta música, podría pensarse en la música que está en juego en la tragedia, donde desempeña su papel, les aportará igualmente una catarsis, un apaciguamiento mediante el placer, agrega Aristóteles, dejándonos nuevamente con un interrogante acerca de qué querrá decir placer.» (4)

Es decir, se generan dos razas de discurso: el patético, sufriente, y el entusiasta que hace algo con su patema, su matemática del sufrimiento, pretendiendo el saber. Es lo que recupera Remo Bodei de Spinoza y en otros términos de Hobbes en el uso político del temor en los discursos que prometen felicidad. (5)

F. Regnault señala una triple extensión del término Katharsis: una purgación ritual médica, una estética narrativa y otra extensión cultural en la actualidad del cine y la televisión. El uso político de los mass-media genera ese efecto de mostración y de identidades miméticas donde la estética anula la ética. Un reality-show no es el «deseo visible» en el sentido de un equivoco que genera la curiosidad entusiasta. Un medio masivo puede causar cierta catarsis del espectador, su lágrima, su piedad, vergüenza, etc., pero esos signos no empujan necesariamente a la pretensión de saber. (6)

El entusiasta usa su «potencia adivinatoria», potencial que implica que no se identifica a decir la verdad. Mientras que el revolucionario, el humanista y el filósofo del ser están del lado de los hombres de la verdad. Algunos de nosotros fuimos alguna vez, no pretenciosos de la verdad sino hombres de la verdad; la juventud es eso, el revolucionario estuvo alguna vez en cualquiera de nosotros.

Se trata entonces de situar la geometría de ese entusiasmo con su centro de aspiración del deseo. Lo «puro» no es más que un centro de gravedad que hace que alguien tome posición de un punto de mira. Ese alguien se vuelca a la política del deseo, deja su patema de lado, su síntoma sostenido por un fantasma que la ficción despertó, y logra este punto de mira que es su propio decir.

(*) Escrito a partir de una intervención del XVI Coloquio de Módulos de investigación titulado «La política del psicoanálisis en su centenario», organizado por la Asociación de Psicoanálisis de La Plata, 17 de diciembre de 2010. Desgrabación: Sebastián Ferrante.


Notas

(1) Aristóteles: Poética. Capitulo VI .Ed. Colihue, Bs. As. 2004. Pág. 43-44. Traducción y notas Eduardo Sinnot . y Aristóteles. Poética. Cap. VI. Ed. Aguilar, Madrid, 1982. Pág.1118. Traducción y Estudio preliminar de F. Samaranch. (comparar)

(2) Aristóteles: Política. Libro VIII. cap.VII. Obras completas. Ed. Aguilar.

(3) Regnault, François: Hamlet o el extravío del héroe moderno. Rev. Freudiana Nª8. Barcelona, 1992.

(4) Lacan, J.: El Seminario Libro VII. La ética del psicoanálisis. «La esencia de la tragedia». EL brillo de Antígona. Pág. 296. Ed. Paidós, 1988.

(5) Bodei, Remo: Geometría de las pasiones. Miedo, esperanza, felicidad: filosofía y uso político. Ed. FCE, México, 1995.

(6) Regnault, François: La catarsis según Lacan. El deseo visible -Conferencia en la E.N.S., 2010. Video en:

http://www.diffusion.ens.fr/video_inc.php?video=2010_06_05_regnault.mov


Módulo de Investigación “Actualidad de la clínica, respuestas a lo contemporáneo” - Comentario por Julieta Ríos

Módulo de Investigación:
Actualidad de la clínica, respuestas a lo contemporáneo


Responsable: Julieta Ríos. Asesor: Christian Gómez.

El día jueves 17 de febrero tuvo lugar la primera reunión del Módulo de este año, retomando las investigaciones planteadas el año pasado.

Me propuse investigar la evolución de la noción de padre en las teorizaciones de Lacan, poniéndola en relación con las distintas clínicas que el mismo plantea a lo largo de su enseñanza, verificando que resulta orientativo situarnos a partir de los tres registros de lo imaginario, lo simbólico y lo real.
Para lo cual he tomado el texto de Markos Zafiropoulos, “Lacan y las ciencias sociales. La declinación del padre (1938-1953)”, donde el autor plantea que la tesis de Lacan sobre el padre ha sido influenciada por la sociología francesa a través de Durkheim principalmente y por el estructuralismo de Claude Levi-Strauss.
En ese recorrido nos encontramos que siguiendo a Durkheim, tenemos en Lacan un padre situado en el registro imaginario, a partir de la noción de “imago paterna” (1938); con Levi-Strauss se trata del padre simbólico de “Las estructuras elementales del parentesco” (1953). Y llegamos, a partir de 1964, con las consideraciones lacanianas sobre la angustia, a una noción generalizada del padre, la pluralización de los Nombres del Padre, el cual se presenta como el cuarto nudo que anuda en la estructura los tres registros, es decir que su función es unir. En este camino quedará por definir el estatuto del padre en el registro de lo real.

Las líneas e interrogantes que orientan esta investigación serían situar ¿qué es el padre? en la teoría psicoanalítica y a partir de esa noción determinar de qué clínica se trata y cómo nos conducimos en la misma a través de estos operadores teóricos.

Continuaremos trabajando en el módulo el seminario de Lacan “De los Nombres del Padre”.-

Próxima reunión: segundo miércoles de Marzo.


Módulo de investigación: Los conceptos fundamentales del psicoanálisis - Comentario por Rocío Zacarchemeny & Germán Tor

Módulo de investigación:
Los conceptos fundamentales del psicoanálisis: Inconsciente-Repetición-Transferencia-Pulsión


Responsable: Germán Tor. Asesor: Christian Gómez

Comentario: Rocío Zacarchemeny & Germán Tor

El viernes 17 de diciembre 2010 se llevó a cabo la reunión del modulo de investigación “Los conceptos Fundamentales del Psicoanálisis: Inconsciente-Repetición-Transferencia-Pulsión”.
Causados por la lectura de la II Clase: “El inconsciente freudiano y el nuestro” de El Seminario, Libro XI: “Los conceptos fundamentales” y de la lectura de la primera clase del curso anual: “Del síntoma a la causa: el inconsciente” que dictó Christian Gómez en Asociación de Psicoanálisis de Misiones en el año 2.009, los que han sido utilizados como punto de partida para precisar la dificultad de hablar de conceptos fundamentales.

Tras éstas lecturas pudimos detenernos y precisar el uso que hace Lacan del término “hiancia”, quién la precisa como la función misma del inconsciente y, lo indica tanto como un vacío que como una ranura que se abre y se cierra, el inconsciente de ésta manera aparece como vacío y ranura. El primer sentido representa en sí la función de la causa y el segundo, nos orienta a otro orden, una ranura hacia otra cosa. Con lo que con el problema de la causa, lo que también se introducen son las siguientes preguntas: ¿Cómo orientarse en la clínica entendiendo que la causa es un vacío? ¿Qué consecuencias clínicas tiene afirmar que en el lugar de la causa hay un vacío? ¿Qué pasa si la ranura, nos permite llegar a otro orden, se mantiene cerrada?
La ranura hacia otra cosa nos lleva al orden de lo no realizado, Lacan nos señala entonces que ésta también puede ser articulada con lo que Freud denominó “el ombligo de los sueños” y con esto han surgido las siguientes cuestiones: ¿por qué y de qué manera el “ombligo de los sueños” de Freud permite representar la “hiancia” del inconsciente que indica Lacan? ¿De qué manera Freud encuentra en el hueco, en la ranura, en la hiancia, algo del orden de lo “no realizado”? ¿Qué quiere decir eso de lo “no realizado”? Las mismas nos llevarán a la lectura de la “Interpretación de los sueños” al capítulo titulado “El olvido de los sueños”.

Por otro lado, Lacan nos habla de un rechazo del concepto, con lo que en éste orden aparece otra dificultad en la aprensión de los conceptos fundamentales, si se produce éste rechazo estamos del lado de una aproximación infinita, por lo que nunca las palabras podrían alcanzar para establecer que es el inconsciente. Se introduce así la falta, que está presente en los conceptos como una discontinuidad en la significación. El vacio viene a ejemplificarnos éste rechazo del concepto dando lugar, justamente, al vacío en la significación.

La hiancia del inconsciente, señala Lacan, es lo olvidado del inconsciente freudiano y es lo que retoma y trabaja en este texto, señalando que las formas de “inconsciente” que han precedido y sucedido al “inconsciente freudiano” nada tienen que ver con éste. Planteada ésta problemática, Lacan propone retomar el camino que atravesó Freud para conceptualizar el inconsciente y es lo que nosotros, a través del modulo, nos proponemos retomar para poder discernir: ¿cuál es la diferencia del inconsciente freudiano y de los otros? Y de este modo poder aprehender la reelectura que del inconsciente freudiano presenta Lacan, teniendo presente la orientación clínica que se halla en su formulación conceptual. Esto nos llevará a los textos de Freud: “Lo inconsciente” (1.912) y “Notas sobre el concepto del Inconsciente en Psicoanálisis” (1.912).

A partir de estos interrogantes que nos servirán como guía en la lectura de las referencias bibliográficas, nos propusimos encontrarnos el día martes 22 de febrero a las 20.30hs.