domingo, 8 de agosto de 2010

Estado de investigación: El deseo y la pulsión en Sigmund Freud

Módulo de investigación: Los conceptos fundamentales del psicoanálisis

Estado de investigación: El deseo y la pulsión en Sigmund Freud

Por Germán Tor

El día 10 de junio se continuó con el comentario de la lectura del capítulo 7 de la "Interpretación de los sueños", titulado "Psicología de los procesos oníricos" (Vol. 5. O.C., Editorial Amorrotu). Dicha lectura se realizó a partir de los siguientes interrogantes: ¿De qué manera Freud distingue el deseo de la pulsión? ¿A qué remite el deseo en su teorización y a qué lo hace el concepto de pulsión? ¿Introduce modificaciones en sus hipótesis iniciales, a partir de qué lo hace?
En el comentario de la citada publicación, se avanzó en circunscribir el lugar que ocupa el deseo en la teorización freudiana. De las consecuencias de la lectura, se comenzó por destacar de dónde parte el interés de Freud por los sueños, se citó el siguiente párrafo "Los puntos de vista para la concepción del sueño me fueron procurados por trabajos previos acerca de la psicología de las neurosis a los que aquí no debo referirme y, no obstante, tengo que hacerlo a cada paso mientras avanzo en la dirección inversa y, desde el sueño, me propongo alcanzar el entroque con la psicología de las neurosis" (Cf. Pág. 578)
Luego se ubicó en el texto el lugar en extremo paradójico que ocupan los deseos en el abordaje que realiza Freud "El cumplimiento de un deseo tendría que ser por cierto, causa de placer, pero ¿para quién? Naturalmente para quien tiene ese deseo. Pero sabemos que el que sueña mantiene con sus deseos relaciones totalmente particulares: los rechaza, los censura, en una palabra, no los quiere. Su realización no puede procurarle placer, por el contrario, la experiencia muestra que se presenta bajo la forma de angustia. En relación con los deseos de su sueño, el que sueña funciona como dos personas unidas, sin embargo, por una gran comunidad" (Cf. Pág. 572)
A partir de allí se comentó cómo Freud introduce la necesidad de explicar la formación del sueño suponiendo la existencia de dos instancias psíquicas, una de las cuales somete la actividad de la otra a una crítica cuya consecuencia es la exclusión de su devenir-consciente (Cf. Página 535). Para ello se vale de representaciones auxiliares que buscan darle una primera forma teórica y trabaja sobre un constructo del aparato anímico compuesto por varios sistemas. Dichas representaciones que suponen localidades psíquicas, aclara, no buscan asimilarse a localidades anatómicas. Y pasa a distinguir un sistema inconsciente y un sistema preconsciente. Entre ambos plantea la existencia de una censura, la cual es expresión de un tercer sistema: el sistema criticador. A lo cual agrega la conjetura de que lo que diferencia a los primeros dos sistemas reside en la manera en que cada uno dispone y organiza los elementos mnémicos. En el inconsciente los elementos se organizan, principalmente, a partir de relaciones de simultaneidad. En el preconsciente se organizan, principalmente, por relaciones de semejanza y lógicas. (Cf. Pág. 532 y 533)
De esa manera, se comentó, Freud se propone avanzar sobre una primera teorización en torno a la constitución y funcionamiento del aparato anímico que busca una explicación tópica, dinámica y económica de sus formaciones o productos, siendo la explicación buscada en éste caso la del sueño y su formación.
En su investigación sobre la formación del sueño, introducirá la hipótesis de que todo sueño es la realización de un deseo, interviniendo en ello las diferentes relaciones que supone (y explicita) que existen entre los tres sistemas más arriba planteados.
De acuerdo a la explicación tópica, dirá que el deseo deriva del sistema inconsciente (Cf. Pág. 535). En cuanto a su explicación dinámica y económica, abordará las relaciones entre el sistema inconsciente y el sistema preconsciente, localizando en el deseo inconsciente la intensidad o gasto psíquico para que se forme el sueño (Cf. Página 535) y en el sistema precosciente el material (representaciones preconscientes) necesario para su formación (Cf. Pág. 554)
Y en el desarrollo de su explicación tópica, dinámica y económica introducirá algunas de las características de los deseos inconscientes: “Los considero como siempre alertas, dispuestos en todo momento a procurarse expresión cuando se les ofrece la oportunidad de aliarse con una moción de lo consciente y de trasferir su mayor intensidad a la menor intensidad de esta” (Pág. 545) A lo cual agrega que el permanecer indestructibles o atemporales es una particularidad de los procesos inconscientes. (Cf. Pág. 545)
Con respecto a cuál es la procedencia de los deseos inconscientes que se figuran como realizados en los sueños, se precisó cómo Freud da una respuesta valiéndose del estudio de las psiconeurosis y de la regresión que en ella constata, por lo que pasa a introducir la hipótesis de que “Estos deseos siempre alertas que se encuentran en estado de represión (…) son ellos mismos de procedencia infantil, como nos lo ha enseñado el estudio psicológico de las neurosis” (Pág. 540) Lo cual lo lleva a aseverar, unas líneas más adelante que: “El deseo que se figura en el sueño tiene que ser un deseo infantil.
Se pasó a comentar el modo en que Freud vuelve sobre la articulación entre el campo de investigación del sueño con el de las psiconeurosis, teniendo como perspectiva avanzar sobre la explicación de los síntomas psiconeuróticos, para ello se citó el siguiente párrafo “Si existe un sistema del inconsciente –o algo análogo a él para nuestras elucidaciones-, entonces el sueño no puede ser su única exteriorización; todo sueño será un cumplimiento de deseo, pero tiene que haber, además de los sueños, otras formas anormales de cumplimiento de deseo. Y, en realidad, la teoría de los síntomas psiconeuróticos culmina en una sola tesis: También ellos tienen que ser concebidos como cumplimientos de deseos de lo inconsciente.
Y, por último, con respecto a la “naturaleza” de las mociones de deseos que se realizan en los sueños, se ubicó la manera en que Freud se vale del estudio de los síntomas psiconeuróticos para aseverar que dichas mociones de deseo “(…) no pueden ser sino mociones de deseos sexuales procedentes de lo infantil las que experimentaron la represión (la mudanza del afecto) en los períodos de desarrollo de la infancia (…); y así ellas proporcionan las fuerzas pulsionantes de toda formación de síntoma neurótico” (Pág. 595)

En próximas reuniones se continuará con el comentario de esta publicación para tratar de seguir precisando las preguntas que más arriba se han planteado, agregándose la siguiente ¿Por qué el primer sistema –inconsciente- no puede hacer otra cosa que desear? A dicho comentario se sumarán los correspondientes a los estados de investigación de otros participantes del módulo.