Pre-textos preparatorios... - “Un paseo por la historia de la histeria” - Por Cecilia Fasano



PRE-TEXTOS


HACIA EL IV ENCUENTRO DEL PSICOANÁLISIS CON LA HISTORIA Y LA CULTURA

Coloquio:


LAS MÁSCARAS DE LO FEMENINO


• Posiciones femeninas y masculinas del ser.

• El niño entre la mujer y la madre

• Deseo histérico y la ciencia actual.

• Eróticas del cuerpo en la historia




VIERNES 13 DE ABRIL – 19:00 HS


Museo Provincial Juan Yaparí
Dirección: Sarmiento Nº 319


Ciudad de Posadas, Misiones



INFORMES:
Teléfono: (0376) 15-4827189
Email: apm_posadas@hotmail.com



PARTICIPAN:
* Christian Gómez -Asociación de Psicoanálisis de Misiones (APM)
* Luciana Molfino -Asociación Centro de Investigación y Docencia Corrientes-Chaco (ACID)
* Fátima Aleman -Asociación de Psicoanálisis de La Plata (APLP)
* Enrique Acuña -Escuela de la Orientación Lacaniana - Centro Descartes (Buenos Aires)
* Discutidor: Lorena Danieluk
* Coordina: Claudia Fernández



AUSPICIAN:
Área Virtual Analítica (A.V.A.) de la Biblioteca Freudiana La Plata-
Revista Fri(x)iones -entre el psicoanálisis y la cultura-
Museo Provincial de Bella Artes Juan Yapari
Delegación Posadas del Instituto Oscar Masotta




Presentación

Continuando con la serie de pre-textos publicamos el siguiente texto enviado por Cecilia Fasano quien es Miembro de la Asociación de psicoanálisis de La Plata.

Nos envía un trabajo que comenta el libro de Diane Chauvelot Historia de la histeria. Inicia remontándose a la antigüedad y señalando el orígen del término histeria: proviene del adjetivo usterikos, para luego continuar con la definición encontrada en el primer manual de medicina que data del año 1900 a.c., definiendo a la misma como enfermedad del útero, tratado del cual Chauvelot enumera tres puntos en cuanto a la concepción del término señalandose en el primero como enfermedad del órgano cuyo orígen es sexual y especificamente femenino, el segundo señala al útero como desencadeannte de la enfermedad dando lugar así a un tercero:insatisfacción la cual se maniifesta desplazándose.

La autora destaca la coincidencia en cuanto a la definición freudiana de la enfermedad: enfermedad de origen sexual con un deseo insatisfecho. Cecilia Fasano continuará recorriendo las referencias de la antigüedad en relación al témino y a sus curaciones o posibles tratamientos.

Pasará luego a señalar la permanencia del término a través de los tiempos y a través de las diferentes políticas como también la concepción desde la religión desde donde el concepto sufre un viraje y pasa ser pensado ya no como una enfermedad sino mas bien como resultante de una posesión demoníaca, así la histériccas eran anilquiladas en la hoguera, consideradas brujas, lo cual terminó afectando la población de mujeres europeas entre el siglo IX y XIV.

Es así que se produce un enfrentamiento entre iglesia y medicina dando lugarr a la pregunta ¿Poseídas o enfermas? Continúa el recorrido en relación a los tiempos anteriores a Freud y los actos sugestivos en cuanto a la cura hasta llegar a un cambio radical a partir de Freud.

Concluye Cecilia Fasano con la idea de concepto enigmático de la histeria en cuanto a la feminidad..."un misterio que hace producir un saber" dice la autora. y por otro lado señala la permanencia del enigma en relación a la feminidad a través de los tiempos y en relación a la posición de la mujer en la ideología de cada época.


Claudia Fernández



Un paseo por la historia de la histeria (*)


• En la antigüedad

Designada con el nombre que hoy se mantiene, el término histeria, proviene del adjetivo usterikos con el cual se calificaba lo relativo a las enfermedades de la matriz. Conocida desde la época faraónica en Egipto, se comprueba que la histeria ha ocupado un lugar importante entre los padecimientos humanos. En el primer Manual de medicina que se conoce (1900 a.c.) y durante un largo período la histeria será entendida como una enfermedad del útero. De ese tratado Diane Chauvelot enumera tres puntos que hacen una buena síntesis de la concepción de la época respecto a esta patología:
- Todos los síntomas de la histeria son imputables únicamente al útero, por lo tanto es una enfermedad de un órgano, cuyo origen es sexual y específicamente femenino.
- El útero desencadena la enfermedad porque se encuentra en estado de inanición: no tiene lo que desea.
- Esta insatisfacción la manifiesta desplazándose.

Diane Chauvelot señala: “lo que allí encontramos, que nos parece hoy inaceptable, fue sin embargo aceptado tal cual hasta el siglo XIX” (1). No obstante podría pensarse que, sin considerar la idea de órgano enfermo, no está tan lejos del pensamiento freudiano afirmar que se trata de una patología que “tiene un origen sexual” o que “no tiene lo que desea”, lo cual equivaldría a pensar en el deseo insatisfecho, paradigmático de la histeria. Es sorprendente, la descripción fenomenológica de los síntomas histéricos, entendidos como consecuencia de este “desplazamiento por insatisfacción”, porque el modo en que afecta los diferentes órganos estará en íntima relación con el camino tomado por ese útero “viajero”: si aplasta los pulmones, producirá ahogos, sudores, si golpea al corazón, desencadenará palpitaciones, si se sube a la garganta, producirá disfonías, etc.
Cabe preguntarse, agrega Diane Chauvelot: “de dónde ha podido venir esta idea de órgano migrante, inaceptable para la observación y la lógica (...) Parece ser que fue la observación de los prolapsos uterinos, pero el prolapso tiene su propia patogenia y no es la causa de ninguna sintomatología histérica (...) comoquiera que sea, más allá del desconocimiento de la anatomía, los médicos de entonces tenían dos preocupaciones: alimentar al órgano hambriento y persuadirle de que vuelva a su lugar” (2).
Hipócrates no duda al afirmar que la histeria es una enfermedad provocada por el útero en estado de inanición por lo tanto encuentra la causa en la “continencia” cuyos síntomas se corresponden con las diversas posiciones que adopta el órgano y los tratamientos, aunque menos cruentos, son similares a los utilizados por los egipcios. En términos generales esta concepción será retomada por Galeno. Las teorías hipocráticas tuvieron una gran acogida en el pensamiento médico y filosófico que se prolongó hasta mediados del siglo XIX. Para el caso que nos ocupa, el largo periodo greco-romano estuvo fuertemente influenciado por esta tradición. El uso hipocrático de sales y perfumes nauseabundos con fines terapéuticos, también va a perdurar durante siglos. No deja de ser curioso que, en 1918 en el Manual de farmacología publicado en Filadelfia, figuren como “antihistéricos” una serie de bálsamos, habiendo transcurrido 23 años desde que S. Freud publicara Estudios sobre la histeria.
Lo cierto es que desde el siglo XVI a.c. se conservan escritos que relatan diferentes técnicas para calmar o detener los ataques histéricos: “fumigaciones vaginales”, “fricción de la vulva”,etc., en su mayoría asociadas con la naturaleza de la mujer en cuanto ser sexuado.
Por aquel entonces, si bien se curaban con éxito muchas enfermedades, hay que tener en cuenta que los médicos se reservaban el derecho de aceptar en tratamiento sólo aquellos enfermos que consideraban podían curar, en consecuencia determinadas enfermedades crónicas o confusas, entre las cuales la histeria ocupaba un lugar privilegiado, quedaban a la deriva. “A estos enfermos sólo les quedaba el auxilio de la religión o la magia”.


• Formas medievales de la histeria

La histeria no será ajena a los vaivenes de la historia, particularmente en la edad media, los centros del saber médico migrarán geográfica e ideológicamente de acuerdo a los avatares políticos, militares y económicos. En estas "migraciones del saber" en el campo del conocimiento médico, se traducen las obras de los grandes maestros griegos al árabe y posteriormente los textos islámicos son traducidos al latín. A todo este caudal ideológico se sumará la enorme influencia del cristianismo. San Agustín, uno de los indiscutibles representantes de la edad media es el responsable (entre otras contribuciones de similar tenor) de barrer con los desarrollos que Hipócrates y Galeno habían realizado sobre la etiología de la histeria. Considerada hasta entonces como una enfermedad, la histeria se convierte en poseída, bruja o endemoniada. A partir de lo cual el histérico deja de ser considerado un enfermo para transformarse en hereje. “En efecto San Agustín rechaza progresivamente todo saber médico para ver en cada enfermedad un triunfo del mal sobre el bien, y en toda curación, el del bien sobre el mal” .(3) La edad media ha politizado esta dualidad, entre el bien y el mal, llevándola al extremo de considerar a “la iglesia el fundamento de la ciudad de Dios y al Estado el de la ciudad del Diablo”. Apelando ya sea a Dios (las místicas) o al diablo (las poseídas, endemoniadas, brujas) la histérica posibilita un campo propicio para una de las principales discusiones medievales entre los términos: "enfermedad", "desviación" y "posesión demoníaca".
Bajo este contexto la famosa caza de brujas y las hogueras quedan por un lado justificadas pero además claramente representaban la concepción de la iglesia respecto a aquellas mujeres que se entregaban a cualquier modo de satisfacción sexual que no implicara única y exclusivamente la procreación. La destrucción de las brujas tiene su principal fundamento en que el poder, detentado hasta el momento por la iglesia y el estado, comienza a resquebrajarse producto de un importante descenso demográfico, recordemos que era una época de pestes, guerras e invasiones. En consecuencia la necesidad de acrecentar la natalidad llevaba a reprimir todo saber sobre el control de los nacimientos. Las comadronas, poseedoras de ese saber, enseñaban a las mujeres jóvenes tanto el uso de productos abortivos como de prácticas sexuales, motivo por el cual todas serán condenadas con la pena de muerte. Tan débilmente creció la población europea del siglo IX al XIV que los documentos de la época dicen: “De continuar así, pronto no quedarán mujeres” . (4) Diferentes historiadores coinciden en considerar este exterminio, cuya cifra sería equivalente a la de un holocausto, como la matanza más terrible “sin razón de guerra”. En definitiva ¿cuál es la explicación, para tanta tortura y destrucción? “Precisamente en las relaciones entre la histeria y el poder es donde hay que situar el nudo de la lucha feroz que ha encendido las hogueras en Occidente.” (5) Resulta evidente que bajo un pretexto religioso, se esconde una causa que decididamente es política”.
Las brujas cuya práctica, denominada el sabbat, consistía en una reunión secreta y colectiva de brujos y brujas con un líder: el diablo. Los informes que se conocen sobre estas celebraciones presentan un tono tan delirante que no resisten ninguna explicación racional, en todo caso nos hacen pensar en histerias masivas. Aunque cabe mencionar que, brujas o poseídas, no todas pueden ser consideradas histéricas ya que algunas, quemadas por la iglesia, fueron en realidad o bien desdichadas débiles mentales o bien psicóticas desvariadas.
Al mismo tiempo el relato de exorcismos ocupa un lugar importante en las páginas de la historia de la edad media. El exorcismo, testimonio fiel de la presencia del demonio en el cuerpo, ubica a la mujer poseída en el lugar de víctima de un saber que “trabaja” dentro de ella. De modo que hacer operar ese saber, extirpar el demonio del cuerpo tiene como propósito el sostenimiento del poder de la iglesia y el reforzamiento de la fe.


• Iglesia vs. Medicina

La histeria convoca y confronta religión y medicina, tanto sacerdotes como médicos tropiezan con la misma piedra: la impotencia para gobernar a la histérica. “La histérica pone al desnudo el discurso del dominio. Si bien reclama un amo, es la ley de su propio deseo quien la somete, deseo de hacerse saber siempre insatisfecho. Pide un regente, pero lo hace para concederse el trono (...) Se despliega un vals del cual ofrece la conducción alternativamente al cura y al médico, pero una y otra vez los hace tropezar y finalmente, los repudia juzgando que nunca están a su altura” .(6)
¿Poseídas o enfermas? En rigor de verdad: inhaprensibles, escurridizas, ya que para la religión se tratará de “conductas hereje” y para la medicina serán “simuladoras”, irrespetuosas de los límites establecidos por el saber que “imponen la ley del engaño a la ley de la nosología”. La labor de los médicos consistirá entonces en desenmascarar la farsa de este sujeto y separar los síntomas que verdaderamente formen parte de la enfermedad, de los simulados.
Desafiante la demanda histérica, es una demanda de reconocimiento. El médico se dirige a ella como enferma, ella rechaza este significante y pide al médico que produzca saber, pero que no olvide que ella es el lugar supremo de ese saber, que es en su cuerpo que este saber “trabaja” (así habla ella del demonio que la habita) Al ofrecerse como el lugar mismo del saber que reclama, la histérica se niega a entregarlo. “La histérica inventa siempre un amo al que acto seguido descalifica (...) Este desafío que engendra amos inventará pronto al analista” . (7)


• Antecedentes de Freud

Hacia finales del siglo XVIII surge en Austria, Franz Mesmer (1734-1815) fundador de la teoría del magnetismo animal según la cual cada organismo posee un fluido magnético que puede ser transmitido a los demás. Su método terapéutico denominado “el magnetismo” tiene su momento de gloria a comienzos del siglo XIX. El método constaba de una varilla imantada más un conjunto de tachos con botellas magnetizadas sumergidas en agua. Extravagancia y misterio mediante, el médico vienés obtiene una singular notoriedad tanto en Viena como en París. Charlatán, genio, brujo, mago, hombre de negocios, han sido algunos de los calificativos con que se lo identificaba. A pesar de la oposición de la Academia científica de París y sus intentos por impedir la difusión de esta práctica los enfermos consultaban en número creciente. No obstante el éxito de Mesmer caía en descrédito a partir de su incapacidad para explicar racionalmente sus curaciones milagrosas.
La importancia de estos acontecimientos para la ubicación conceptual de la afección que nos ocupa, radica en señalar la conexión existente entre histeria y sugestión, anticipando la relación entre histeria e hipnosis. Lo cual llevará, sin abandonar aún, la idea de organicidad, a insistir cada vez más en su componente psíquico.
Con Mesmer la histeria se expone al saber del médico, declara su identidad, reclama su reconocimiento y exige ser admitida en el academicismo médico.
Posteriormente entre los años 1860 y 1880 (siglo XIX) surge en Francia la escuela naturalista bajo la doble influencia del realismo de Flaubert y del positivismo de Taine. El escritor francés, Zola, encarnó la nueva estética y se convirtió en su principal teórico: fundamentó la verdad de la novela en la escrupulosa observación de la realidad y en la experimentación. No es una anécdota el contexto naturalista, que privilegia el modo visual de conocer, en el cual la histeria comienza a ser estudiada científicamente. Porque la histeria se “presta” muy bien a esa necesidad de ver que guiaba el espíritu de los científicos de la época. La histérica, tan afín a la teatralización, se “muestra” y de algún modo satisface ése ideal científico de “saber mirar”. Ideal científico que, digámoslo de paso, no le otorgará mayor valor ni a la génesis ni al contexto.
Esto aparece muy bien reflejado en la historia del arte con la desaparición casi total de la abstracción, y el surgimiento del retrato, que consiste en marcar con la mayor exactitud los menores detalles de las personas retratadas.
El libro de Pierre Janet Estado mental de la histeria (1893) fue el primero, dentro de la psiquiatría, que se ocupó de manera exclusiva de la psicopatología de la histeria. El modelo que postuló en ése texto se basó en los conceptos de “disgregación de la personalidad” y “estrechamiento del campo de la conciencia”. A diferencia del organicismo de Charcot, Janet, insistía en la interacción entre lo psicológico y lo fisiológico. Cabe recordar que desde 1888, en su obra El automatismo psicológico, Janet había planteado, como explicación de algunas formas de histeria, el papel de acontecimientos del pasado que permanecían bajo la forma de recuerdos traumáticos "olvidados", pero que quedaban activos a nivel de "ideas fijas subconscientes" las que tenían una vida autónoma dentro de una conciencia disociada. Bajo el estado de hipnosis, o lo que él llamó "análisis psicológico", se podrían traer nuevamente al campo de la conciencia esos acontecimientos del pasado.
Jorge Saurí, (8) considerando a la histeria en el campo de la mirada, distingue dos momentos: un primer tiempo representado por Sydenham, Paul Briquet y Laségue, caracterizado por una mirada “inventariante” que recolecta datos y luego una descripción minuciosa que emula el modelo botánico imperante. En este sentido, un modo objetivo de conocer el curso de la enfermedad consistía en la observación de la orina, como un modo de “mirar” dentro del cuerpo. Representado en muchas pinturas de la época con médicos y una bacinilla de vidrio en sus manos. Esta concepción científica es llevada al extremo con la recomendación empirista a los médicos de vivir en los asilos para “ver” mejor a sus pacientes.
En un segundo momento, señala Saurí, la mirada se vuelve criticista y su objetivo se dirige a encontrar un modo de mirar más allá de las apariencias. Esta nueva concepción de la histeria está representada por Charcot, Kraepelin, Babinski, Janet. Aunque conserva a la mirada como el ideal científico, (y un ejemplo de esto es que Charcot se define como el fotógrafo de la histérica) comienza a otorgarle un valor a los antecedentes biográficos que marcan un precedente del cambio que vendrá.
En el siglo XIX con Freud asistimos a un cambio radical, que Lacan en La cosa freudiana (1955) enuncia así: “una revolución del conocimiento a la medida del nombre de Copérnico: entiéndase el lugar eterno del descubrimiento de Freud, si se puede decir que gracias a él el centro verdadero del ser humano no está ya en el mismo lugar que se le asignaba por parte de toda una tradición humanista” . (9)


• Para concluir

A partir de este breve recorrido a través del tiempo encontramos diversas concepciones teóricas, en ocasiones ilógicas o contradictorias, que en términos generales constituyen el denominado “corpus epistémico” sobre la histeria. Estos enunciados escriben una historia que de algún modo confirman el misterio que rodea a la histeria. Un misterio que “hace producir un saber” y que coloca a la histeria en el lugar del enigma de la feminidad.
Encontramos además un denominador común: acompañando la evolución social y cultural de las épocas, la histeria, siempre se ha amoldado tanto a los usos y costumbres como a los modos de pensamiento dominantes. “Este interés por descifrar e identificar la esencia femenina, implica en parte, que la dimensión nosográfica se vincule estrechamente con el lugar que ocupa la mujer en la ideología de la época.” (10)
Ella es de este modo apta para sostener los discursos constitutivos del lazo social, con la particularidad que al mismo tiempo que busca sus “amos” o maestros se empeña en desacreditarlos. El tipo de demanda que realiza posibilita estructuralmente la posición del analista, de donde la relación entre histeria y psicoanálisis hay que pensarla tanto histórica como estructural.
La reiterada pregunta de la histeria a través de los siglos ha sido y sigue siendo ¿Qué quiere una mujer?


Cecilia Fasano


(*) Texto publicado en Conceptual Estudios de psicoanálisis N° 4 Noviembre 2003, La Plata

Citas:

(1) Diane Chauvelot Historia de la Histeria. Alianza Editorial, Madrid 2001. p. 10
(2) Ibíd., p. 11
(3) Ibíd., p. 52
(4) Heison y Steiger Der Spiegel, Diario alemán, N´43., 22/10/84
(5) Diane Chauvelot Historia de la Histeria., p. 57
(6) El amo y la histérica. Gerard Wajeman. Ornicar, 3 de mayo 1975
(7) Ibíd.
(8) Jorge Saurí (compilador) Las histerias. Ediciones Nueva Visión, Bs.As. 1975
(9) Jacques Lacan. La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis. 1955, Escritos 1, Ediciones Siglo veintiuno, p. 384
(10) Boletín de la F.I .B. del Campo Freudiano. Colofón N°13. El saber sobre la histeria en el siglo XIX. La pregunta del sujeto histérico y las respuestas al enigma de la feminidad. (Tesis de doctorado de Araceli Medrano). Editada en Madrid, Set. 1995


Pre-textos preparatorios... - “Tener un cuerpo -del erotismo de las palabras al goce que escapa a ellas” - Por Christian Gómez



PRE-TEXTOS


HACIA EL IV ENCUENTRO DEL PSICOANÁLISIS CON LA HISTORIA Y LA CULTURA

Coloquio:


LAS MÁSCARAS DE LO FEMENINO


• Posiciones femeninas y masculinas del ser.

• El niño entre la mujer y la madre

• Deseo histérico y la ciencia actual.

• Eróticas del cuerpo en la historia




VIERNES 13 DE ABRIL – 19:00 HS


Museo Provincial Juan Yaparí
Dirección: Sarmiento Nº 319


Ciudad de Posadas, Misiones



INFORMES:
Teléfono: (0376) 15-4827189
Email: apm_posadas@hotmail.com



PARTICIPAN:
* Christian Gómez -Asociación de Psicoanálisis de Misiones (APM)
* Luciana Molfino -Asociación Centro de Investigación y Docencia Corrientes-Chaco (ACID)
* Fátima Aleman -Asociación de Psicoanálisis de La Plata (APLP)
* Enrique Acuña -Escuela de la Orientación Lacaniana - Centro Descartes (Buenos Aires)
* Discutidor: Lorena Danieluk
* Coordina: Claudia Fernández



AUSPICIAN:
Área Virtual Analítica (A.V.A.) de la Biblioteca Freudiana La Plata-
Revista Fri(x)iones -entre el psicoanálisis y la cultura-
Museo Provincial de Bella Artes Juan Yapari
Delegación Posadas del Instituto Oscar Masotta




Presentación

Continuando con los pre-textos en vías del coloquio del IV Encuentro los invito a la lectura del siguiente escrito “Tener un cuerpo-del erotismo de las palabras al goce que escapa a ellas-”, donde Christian Gómez se refiere a la pregunta de que es un cuerpo para el psicoanálisis y los modos de gozar, planteando a modo de inicio la diferencia entre el psicoanálisis y la ciencia.

Retoma, a partir del epígrafe de Enrique Acuña, la afirmación lacaniana: un cuerpo es algo hecho para gozar. Para el psicoanálisis el lenguaje hace del organismo un cuerpo aunque no todo del organismo es capturado por las palabras. Ese resto sin representar esconde una satisfacción paradójica que Lacan llamó goce.

Así tanto en el catarismo como en el círculo de las preciosas se trata no solo de los efectos sociales de la homosexualidad masculina y femenina sino también del cuerpo que se dibuja tanto a partir del arte social de la conversación de las cortesanas como de la poesía cátara.

En vías de despejar la afirmación lacaniana acerca del cuerpo, ubica al goce como un resto en la operación del lenguaje sobre el cuerpo, resto acerca de lo que no se puede saber, a lo que Lacan llamó falla epistemo-somática.

Retoma y comenta el texto de Enrique Acuña “Hecho para gozar. El cuerpo escrito en Anaïs Nin” para pensar acerca de qué del cuerpo se puede poner en palabras a partir de situar el límite de lo contable.

Por otro lado también refiere a la diferencia, como veníamos diciendo, de que es un cuerpo no solo para el psicoanálisis y las ciencias sino también para la filosofía, cuerpo unificado en Aristóteles vs. cuerpo fragmentado (mecanicismo) en Descartes.

Para finalizar, el autor diferencia el psicoanálisis y la ciencia en tanto allí donde la medicina pretende hacer callar el psicoanálisis, vía el síntoma, hace hablar.

Claudia Fernández



“Tener un cuerpo -del erotismo de las palabras al goce que escapa a ellas”


Un cuerpo es algo hecho para gozar, dirá Jacques Lacan;
quien, a partir de Freud,
demostró que hay una incidencia del lenguaje sobre el organismo transformando sus afectos en efectos del lenguaje.
Esa incorporación implica dos consecuencias:
aquella de la palabra (significación) y otra segunda, la de generar lo viviente (corporización).

Enrique Acuña. “Hecho para gozar. El cuerpo escrito en Anaïs Nin”. En Resonancia y silencio. Psicoanálisis y otras poéticas. EdULP. La Plata 2009


Entre el mapa del amor que traza el arte social de la conversación de las preciosas en los salones europeos del siglo XVI y la sustracción de los cuerpos del fin sexual que conduce a la creación del poema del trobador cátaro, Enrique Acuña ubica, en el artículo que abre el foro de Pre-Texos hacia el IV Encuentro, no solo las incidencias sociales de la homosexualidad masculina y femenina sino también una erótica de las palabras que dibuja los cuerpos.

En efecto, Jacques Lacan acentuará la tesis freudiana según la cual un cuerpo es el resultado de una operación del lenguaje sobre el organismo. Operación que dejará un resto y que se entiende acudiendo al ternario real, simbólico, imaginario: una palabra (simbólica, es decir equívoca en tanto interpretación del inconciente) muerde el organismo (real) y tiene por efecto un cuerpo que se capta parcialmente en una imagen (imaginario). Esta incorporación del significante sin embargo no absorbe la totalidad del organismo sino que deja un resto que queda sin representar. Hay por lo tanto un cuerpo que es el efecto de las palabras que trazan su recorrido al modo del mapa de lo tierno y que para Freud es el eros que designa como libido y en las fallas de ese trazado lo que aparece son efectos de retorno del resto de la operación y que Jacques Lacan llamará goce. En una conferencia en La salpetriere dirigida a médicos Jacques Lacan hablará de falla epistemo-somática, es decir que del goce del cuerpo es de lo que no se puede saber en tanto el cuerpo goza.

¿Cual es el límite a partir del cual se puede contar el cuerpo? En el artículo que comentamos y del cual extraemos el epígrafe se trata de la literatura (los diarios de la escritora francesa Anaïs Nin) como un intento de transcribir algo de esa satisfacción paradójica donde también hay (como en los cátaros y las preciosas) un mas allá de la norma. Un triangulo amoroso, el despertar de la intimidad femenina, la curiosidad sobre su cuerpo erógeno puesta en la otra mujer, episodios que van siendo relatados bajo la forma de diarios hasta incluir el encuentro incestuoso con aquel al que de niña le escribirá las “cartas al padre ausente”. Allí el goce pasa a ser asco y repugnancia y la autobiografía sirve como una especie de curación donde “la intimidad del diario es de una extimidad de algo muy extraño que se vuelve verificable como propio recién con el asco”(1) Se trata del goce del cuerpo como algo fuera de si, intimo y extraño a la vez.

Como los casos que enseñan la clínica aunque no homologable a ella, aquí la escritura autobiográfica enseña sobre la norma no ya como social sino como un límite a lo contable pero singular. Es decir que para cada quien tener un cuerpo es hacer un trazado con palabras que van haciendo la propia norma cuyo límite es lo que llamamos goce.

Ahora bien, este cuerpo, aprehensible en la experiencia de un análisis, es lo contrario del cuerpo unificado que describió Aristóteles (2) (Jacques Lacan desconfió rápidamente de la unidad de la imagen) y acaso tenga más que ver con la metáfora mecanisista del cuerpo como res extensa que describió el dualismo cartesiano (res cogitans-res extensa) que, pese a los continuos anuncios de novedad por parte de la ciencia, sigue verificándose en la fragmentación del organismo no solo en especialidades médicas sino en el mercadeo de los órganos para transplantes y en las cirugías sean estéticas o no.

Sin embargo, a diferencia de la ciencia médica que pretende calibrar los órganos hasta reducirlos a un silencio imposible, el psicoanálisis muestra que como efectos de esa falla del saber sobre el cuerpo hay síntoma: es decir una solución paradójica en sí misma en tanto supone la satisfacción del hablante en eso de lo cual también se queja.

Este IV Encuentro del Psicoanálisis con la Historia y la Cultura, ya inminente, será la ocasión de continuar y ampliar estas temáticas ahora expuestas para suscitar la conversación previa revisando tanto la experiencias que, en Freud, muestran la determinación de la palabra en la función del órgano (tener ojos para no ver en la ceguera histérica) así como lo que enseñan las mascaras de lo femenino (3) a cerca de lo universal de una norma (que en Freud se articulará al falo como significante de la falta de ese saber al que nos referíamos más arriba), lo particular de los síntomas en las estructuras clínicas (histeria y obsesión) y los límites singulares donde se juega el goce (pleonasmo).


Christian Gómez


Citas:

(1) Acuña, Enrique: “Hecho para gozar. El cuerpo escrito en Anaïs Nin”. En Resonancia y silencio. Psicoanálisis y otras poéticas. EdULP. La Plata.2009. Pág 68.

(2) cf García, Leticia; Ale, Marcelo: Los cuerpos del psicoanálisis. Cuadernos de psicoanálisis Nº 3. APLP. 2005. Los autores desarrollan en este curso, dictado en la Asociación de Psicoanálisis de La Plata, las hipótesis planteadas por Jacques-Alain Miller en Biología lacaniana y acontecimiento del cuerpo. Colección Diva. Bs. As. 2002

(3) Remito a los lectores al trabajo de Fátima Aleman titulado “Cidonie Scillag, el éxito de Freud”. (Conceptual, estudios de psicoanálisis. Año 6, Nº 5.) Allí se trata, entre otras cosas, de lo que la joven homosexual enseña a Freud a cerca de la sexualidad femenina.


Pre-textos preparatorios... - "El amor puro" - Por Fátima Alemán



PRE-TEXTOS


HACIA EL IV ENCUENTRO DEL PSICOANÁLISIS CON LA HISTORIA Y LA CULTURA

Coloquio:


LAS MÁSCARAS DE LO FEMENINO


• Posiciones femeninas y masculinas del ser.

• El niño entre la mujer y la madre

• Deseo histérico y la ciencia actual.

• Eróticas del cuerpo en la historia




VIERNES 13 DE ABRIL – 19:00 HS


Museo Provincial Juan Yaparí
Dirección: Sarmiento Nº 319


Ciudad de Posadas, Misiones



INFORMES:
Teléfono: (0376) 15-4827189
Email: apm_posadas@hotmail.com



PARTICIPAN:
* Christian Gómez -Asociación de Psicoanálisis de Misiones (APM)
* Luciana Molfino -Asociación Centro de Investigación y Docencia Corrientes-Chaco (ACID)
* Fátima Aleman -Asociación de Psicoanálisis de La Plata (APLP)
* Enrique Acuña -Escuela de la Orientación Lacaniana - Centro Descartes (Buenos Aires)
* Discutidor: Lorena Danieluk
* Coordina: Claudia Fernández



AUSPICIAN:
Área Virtual Analítica (A.V.A.) de la Biblioteca Freudiana La Plata-
Revista Fri(x)iones -entre el psicoanálisis y la cultura-
Museo Provincial de Bella Artes Juan Yapari
Delegación Posadas del Instituto Oscar Masotta




Convocatoria y presentación

Recibimos el siguiente texto desde La Plata. Quien escribe en esta oportunidad es Fátima Aleman, miembro de la Asociación de Psicoanálisis de La Plata y autora de numerosos artículos en revistas de psicoanálisis de todo el país y con quien contaremos con su ponencia en el coloquio del IV Encuentro del psicoanálisis con la historia y la cultura.

Inicia su escrito refiriéndose al libro “El amor puro de Platón a Lacan” del historiador Jacques Le Brun quien realiza un recorrido histórico, a través de sus páginas, que involucran a la teología, filosofía y al psicoanálisis. Por lo que de acuerdo a palabras del autor el amor puro (es decir una doctrina del amor incondicional, desinteresado y aún un amor que encontraría su goce en la ruina de todo goce) sufrió cambios en cuanto a su concepción para poder ser pensado en otros ámbitos más allá del teológico. Le Brun pone en tensión la concepción del amor puro tomado como modelo cristiano que responde a la naturaleza o al instinto, idea propuesta por Bossuet y por otro lado el amor puro desde la doctrina del escritor francés y obispo de Cambrais Francois Fénelon quien sostenía la idea de amor puro pensado como acto libre y voluntario, puro y desinteresado sin temor al castigo.

La autora ubica el interés de Le Brun en la obra de Fénelon en relación a la modernidad de una metodología para pensar la idea de amor puro como desinteresado y en relación al sacrificio por amor, para lo que el escritor recurre a textos de la Antigüedad griega donde se pueden leer los testimonios de amor referidos por Fedro (Banquete de Platón), el testimonio de Alcestis, Orfeo y Aquiles, historias de amor-sacrificio y muerte. Pero la doctrina feneloniana pone el acento en el sujeto del amor y no en el objeto de amor.

Finaliza con otras referencias tomadas por Le Brun entre las que señala la obra de San Agustín para referirse al amor puntualizando la antítesis frui/uti (gozar/utilizar) que servirá, señala, para diferenciar el amor desinteresado del amor interesado y en relación a la elaboración lacaniana del goce.


Claudia Fernández



El amor puro (*)



El amor puro de Platón a Lacan es el título del libro del historiador de las religiones Jacques Le Brun. Este libro fue publicado en castellano por Ediciones Literales-El cuenco de Plata en el año 2004, en la línea ensayística de Jean Allouch y David Halperin. El eje del libro es el tema del amor puro, un amor incondicional cuyo fin sería el rechazo de toda recompensa, un amor paradójico exento de cualquier interés propio, un amor que encontraría su goce en la ruina de todo goce y ocasionaría junto a la pérdida de sí, la pérdida del amor e incluso la pérdida de Dios.
Sin embargo, el recorrido que propone el autor –de Platon a Lacan- da cuenta de una historización que compromete no solo a la Teología sino también a la Filosofía y al Psicoanálisis. En palabras del autor: “Nuestra hipótesis fue que la idea de un amor puro totalmente desinteresado, en el momento en que fue expulsado del campo de la teología y la espiritualidad, no podía de desaparecer lisa y llanamente, sino que debió haber sido retomado en otros ámbitos, la literatura, particularmente la novela, la filosofía y, más adelante, el psicoanálisis. Por supuesto esto implicaba radicales mutaciones en la concepción del amor puro, y sólo profundamente transformado podía reconocerse en las obras de Kant, Schopenhauer, Sacher-Masoch, Freud o Lacan”.


Un ejemplo: la doctrina féneloniana del amor puro

El punto de partida de Le Brun es la querella del amor puro a fines del siglo XVII –la propuesta del amor puro como modelo de amor cristiano- acontecimiento que constituyó uno de los últimos grandes debates teológicos en la historia del cristianismo. El papa Inocencio XII condenó mediante la epístola Cum alias del 12 de marzo de 1699 las proposiciones que François Fénelon – escritor francés y obispo de Cambrai- expuso en su libro Explicación de las máximas de los santos (1967). Dicha condena apuntaba a poner fin a los debates sobre el tema (1) y censuraba un texto que no solamente describía y daba cuenta de experiencias espirituales o estados desinteresados sino que también pretendía explicarlos y constituirlos en objeto de una teoría. Según la doctrina féneloniana, la experiencia del amor puro (por ejemplo, el caso de los místicos) responde a un “acto libre”, a una voluntad dominante y no a la “naturaleza” o el “instinto” (tal como afirmaba del otro lado del debate Bossuet). Se trata de un acto que no espera recompensa alguna, es un acto totalmente puro y desinteresado, sin temor al castigo ni deseo del premio.

Sin embargo, el interés de Le Brun en la obra de Fénelon se sitúa en la “modernidad” de una metodología: el rescate de textos espirituales que se remontan hasta la Antigüedad pagana para dar cuenta de una “idea” del desinterés fuera de toda referencia teológica. “Los antiguos son uno de los medios que Fénelon ponía en acción para establecer lo que es el amor puro en una especie de montaje histórico (paralelo a montajes teóricos como la suposición imposible)”. Un ejemplo de ello es el recurso al Banquete de Platón y sobre todo al elogio (egkomion) del amor pronunciado por Fredo. Allí encontramos tres puntos de interés: la ausencia de padres del amor (procede de una invención de la diosa que lo concibió antes que todos los dioses), el hecho de ser causa de todos los bienes (debido al amor cada uno se convertiría en poseído del dios, se volvería entheon) y, finalmente, la resultante de que sólo aquellos que aman quieren morir por otros. Sobre estas condiciones del amor puro, Fredo recuerda tres testimonios por demás elocuentes: el de Alcestis (ella aceptó morir en lugar de su marido Admeto para que este escapara de la muerte), el de Orfeo (como testimonio negativo, la condena de un amor que rechaza el morir-por evitando la muerte), y el de Aquiles (el más complejo de los tres, pues no sólo hubo muerte-por su amante Patroclo sino un seguirlo en la muerte). Pero es el testimonio de Aquiles el que –según Le Brun- muestra el total desinterés del amor puro (el deseo desinteresado), pues “la decisión de Aquiles, la decisión que de amado lo transforma en amante, no es la elección de una muerte que sobreviene al término, sino de otra muerte, sustraída a la Moira, a un destino, cuya dimensión necesariamente horrible excede y traspasa todo lo que podemos designar como bien”. Sin embargo y llamativamente para Le Brun, el ejemplo que pone en primer plano Fénelon no es el de Aquiles sino el de Alcestis. La razón de tal omisión y desviación es para Le Brun la interpretación de la famosa frase de Fedro: “hay algo más divino en el que ama que en el que es amado”. Dice el autor: “La conclusión de Fedro es presentada por Fénelon para ilustrar lo contrario de lo que decía Fedro, para establecer que el deseo del amante, en cuanto vocación para el sacrificio, constituye el milagro del amor”. Es el arrobamiento –el éxtasis- lo que funciona como eje central de la doctrina féneloniana del amor, poniendo el acento en el sujeto del amor y sus disposiciones y dejando por fuera la naturaleza del objeto de amor. De este modo, Le Brun llega a la conclusión que la doctrina féneloniana sobre el amor puro invierte el texto platónico para convertirlo en una apología de la muerte-por y del sacrificio, aunque deja entrever (en la ausencia de reflexión) que existe una segunda muerte, que no es la del sacrificio sino la “muerte sin recompensa” que tanto Aquiles como los místicos no dejaron de apuntar, dando testimonio de un puro deseo de muerte. Aquí la enseñanza de Lacan y la obra de Blanchot aparecen como guías de lectura.


Otras referencias

Otras referencias interesantes para pensar las vicisitudes del amor puro que encontramos en el libro de Le Brun son, por un lado, la doctrina de los fines últimos del cristianismo (doctrina de la retribución) de la mano del famoso libro de Anders Nygren Eros y Agape y, por otro, la reflexión sobre el amor en la obra de San Agustín, sobre todo a partir de la antítesis frui / uti (gozar / utilizar) que servirá para distinguir el amor desinteresado del amor interesado.
Sobre el agapé cristiano entendido como amor incondicional o amor oblativo, lo que aparece en el centro de la cuestión es que el amor puro se define como “ser para el otro”. El ejemplo de Jesucristo y su muerte en la cruz (el amor de Dios encarnado) expresa para el cristianismo el amor en su forma más sublime. En el camino de la purificación y maduración del amor humano, la “renuncia” es la clave para alcanzar la pureza del amor de Dios. La distinción agustiniana entre frui y uti nos remite directamente a la elaboración lacaniana del goce, presente no sólo en su Seminario sobre La ética del psicoanálisis sino también en la apertura del Seminario 20 Aún, “subrayando el alcance jurídico y no hedonista de la noción de goce y dando una definición preliminar conforme al esquema agustiniano “El goce es lo que no sirve para nada”. Sin embargo, el alcance de esta distinción representa para Le Brun la posibilidad de una lectura inédita de la naturaleza paradójica del amor puro, donde el axioma “no hay relación sexual” permite superar los dilemas del amor, impulsando una análisis del goce en el lugar insostenible de la teoría extática.


Fátima Alemán


(*) Texto publicado en la publicación Microscopía nº 60 - Nov. 2006.

Citas:

(1) Como aclara Le Brun, la controversia del amor puro había tomado el relevo de los debates acerca del Quietismo (atribuido a Molinos) “que se referían a la pasividad en la vida espiritual, el abandono de los actos o la perpetuidad de un acto, la aniquilación de las potencias del alma y consecuencias morales desastrosas ligadas a esa aniquilación y ese abandono”.


Pre-textos preparatorios... - "El muro -entre cátaros y preciosas- " - Por Enrique Acuña



PRE-TEXTOS


HACIA EL IV ENCUENTRO DEL PSICOANÁLISIS CON LA HISTORIA Y LA CULTURA

Coloquio:


LAS MÁSCARAS DE LO FEMENINO


• Posiciones femeninas y masculinas del ser.

• El niño entre la mujer y la madre

• Deseo histérico y la ciencia actual.

• Eróticas del cuerpo en la historia




VIERNES 13 DE ABRIL – 19:00 HS


Museo Provincial Juan Yaparí
Dirección: Sarmiento Nº 319


Ciudad de Posadas, Misiones



INFORMES:
Teléfono: (0376) 15-4827189
Email: apm_posadas@hotmail.com



PARTICIPAN:
* Christian Gómez -Asociación de Psicoanálisis de Misiones (APM)
* Luciana Molfino -Asociación Centro de Investigación y Docencia Corrientes-Chaco (ACID)
* Fátima Aleman -Asociación de Psicoanálisis de La Plata (APLP)
* Enrique Acuña -Escuela de la Orientación Lacaniana - Centro Descartes (Buenos Aires)
* Discutidor: Lorena Danieluk
* Coordina: Claudia Fernández



AUSPICIAN:
Área Virtual Analítica (A.V.A.) de la Biblioteca Freudiana La Plata-
Revista Fri(x)iones -entre el psicoanálisis y la cultura-
Museo Provincial de Bella Artes Juan Yapari
Delegación Posadas del Instituto Oscar Masotta




Convocatoria y presentación

El día viernes 13 de abril realizaremos el IV Encuentro de Psicoanálisis con la Historia y la Cultura. Bajo el título “Las máscaras de lo femenino” nos reuniremos en la ciudad de Posadas analistas de Asunción, Encarnación, Corrientes, Buenos Aires, La Plata, Posadas y otras ciudades.
Siendo este el primero de una serie de escritos a enviarse, anticipando diversas problemáticas a ser abordadas durante el Encuentro, damos inicio a la lectura e intercambio de sucesivos escritos.
Enrique Acuña, quien estará presente en el Encuentro, envía para el inicio del foro un fragmento de su artículo “El muro –entre cátaros y preciosas” publicado en Resonancia y silencio. Psicoanálisis y otras poéticas. EDULP. La Plata. 2009
El autor toma como punto de partida los efectos sociales de la perversión, planteados por Lacan como factor que puede salir de la norma situando al psicoanálisis en una encrucijada con otros discursos en el debate sobre las posibles causas y efectos de la perversión. Efectos sociales de la homosexualidad femenina como diferentes de la masculina, diferencia que Lacan busca en dos movimientos sociales de la historia de Francia: el catarismo (religioso) y el de las preciosas (literario).
Luego de un minucioso recorrido Enrique Acuña concluye que no hay más efectos sociales fuera de la norma sino efectos sobre el sujeto de lo real…

Invitamos a la lectura (a modo de pretexto) del siguiente fragmento y del texto referido para pensar y continuar conversando a través de esta serie de escritos. Así mismo esperamos la participación de los lectores en el presente foro.


Claudia Fernández



El muro
-entre cátaros y preciosas- (*)


El punto de partida del amor cortés es el ser una escolástica del amor desgraciado […] Ciertos términos definen el registro en el que son obtenidos los favores de la Dama, los que representan las normas que reglan el intercambio de los partenaires de ese rito singular de recompensa, clemencia, gracia –Gnade-, felicidad.
Para representarse esta organización extremadamente refinada y compleja piensen, aunque se presenta en forma mucho más borrosa, en la Carte du tendre (“mapa de lo tierno”, figura literaria del círculo de las preciosas en el siglo XVII), pues también las preciosas, en otro momento de la historia, situaron nuevamente en un primer plano cierto Arte social de la conversación.

La ética del psicoanálisis, Jacques Lacan


Efectos sociales del catarismo y las preciosas, dice Lacan, y toma en cuenta que hay “efectos sociales” de la perversión –específicamente de la homosexualidad- en tanto es un factor que puede “salir de la norma” de la cultura. Esa “salida de la norma” puede poner en causa a diferentes saberes. Por ejemplo, el psicoanálisis esta en una encrucijada con otros discursos que proponen teorías de la causa y de los efectos de la perversión en un arco que va desde el escencialismo, la biología y la genética, hasta el constructivismo del género, el relativismo cultural y los estudios gays-lésbicos.

En “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina” (1960), Lacan define la perversión masculina como la demostración de un motivo imaginario de preservar el falo de la madre, siendo el fetichismo su paradigma clínico. Mientras la ausencia del fetichismo en la mujer y las paradojas de la homosexualidad femenina (59) (elección de un partenaire en el que falta el órgano, o el caso de la joven que, decepcionada y desafiante con su padre, hace el amor cortés a una dama) interroga acerca de la existencia de una verdadera perversión en la mujer.(60)

En este párrafo que comentamos, Lacan aborda las incidencias sociales de la homosexualidad femenina como diferentes de la masculina. De la masculina dice que sufre el supuesto de parecer “una especie de entropía que se ejerce hacia la degradación comunitaria”. Al contrario de la femenina, que implica un “Eros que trasmite cierta información”. Tal diferencia Lacan la busca en dos movimientos sociales de la historia de Francia, uno religioso, el catarismo y otro literario, el de las Preciosas.

Efectos antisociales que costaron al catarismo, así como al Amor que inspiraba, su desaparición, ¿no se podría considerar en el movimiento más accesible de las Preciosas, el Eros de la homosexualidad femenina, capta la información que trasmite, como contraria a la entropía social?

Opone, entonces, cuatro términos en dos formas homo:


Masculino - Femenino
Catarismo (amor cortés)………………..#...........Preciosismo (Eros y letra)
Entropía social (degradación comunitaria)…#..Conversación (transmisión)


El catarismo (de khataros: puros) fue un movimiento religioso del siglo XII que nació de la filosofía maniquea. Supone un dualismo como principio: hay dos causas, el Bien de un mundo invisible de los espíritus y el Mal, mundo de la materia y el cuerpo. La consecuencia será un rechazo de los sacramentos, sobre todo del matrimonio. Por eso se abstienen del comercio sexual, siendo el celibato y el ascetismo la posibilidad de entrar al espíritu puro. Para ello se valen de rituales como la oración. La iniciación se llamaba consolamentum.

Los cátaros proponían una “igualdad de derechos entre hombres y mujeres”, algo liberador para la mujer feudal, que era comprada en el matrimonio por el Señor Noble.

Lacan, en el Seminario 7, comenta el libro de Nelly y sitúa el mal de los cátaros como un ejemplo de la Cosa, das Ding, a propósito del problema de la sublimación, ya que la materialidad de la cosa lleva al goce como mal, mientras que la creación desde la nada produce un objeto que organiza el vacío.

El catarismo se extendió durante más de cien años por el sur de Francia, en el territorio del Languedoc –desde Tolousse a Catalunya-, donde convivió contra la política del señor feudal hasta declararse la cruzada que los extinguió (Guerra santa de Roma que algunos sostienen como misterio de la historia francesa, ya que dio nacimiento a la Inquisición, que quemó sus huellas). (61)


Enrique Acuña


(*) Este texto es un fragmento del libro Resonancia y silencio –psicoanálisis y otras poéticas- de Enrique Acuña.- EdULP. La Plata 2009.

Citas:

(59) La homosexualidad femenina tiene una posición de identificación diferente a la masculina en cuanto al deseo y al objeto que es remplazado –el padre por la dama en el caso de la joven homosexual- en un desafío que tiene su punto de partida en una demanda de amor a partir de la decepción. Ante el fracaso del intercambio de un don equivalente al falo (un hijo del padre), hay una decepción que “no se contenta…con permitirse los lujos del amor cortés”. Ese amor se jacta de se el que “da lo que no tiene” y lo hace a partir de la falta, por eso es a otro objeto femenino que ella, como sujeto, dirige su interés. La sexualidad femenina aparece como “un goce envuelto en su propia contigüidad”, pero duplicado por realizarse “a porfía del hombre” como portador del falo.

(60) Lacan, Jacques, Seminario 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006. Clase del 18 de noviembre del 1975, p. 20: “-que perversión sólo quiere decir versión hacia el padre-, que , en suma, el padre es un síntoma o un sinthome (santo varón – sainthomme), como ustedes quieran. Plantear el lazo enigmático de lo imaginario, lo simbólico y lo real implica o supone la existencia del síntoma”.

(61) Como todo misterio, el de la historia de esta herejía deja lugar vacante a nuevas interpretaciones. Misterio político- religioso que se encuentra en revisión permanente y se puede usar de manera diferente. Lacan se interesa en la relación catarismo-preciosismo en el año 59- Seminario 7, La Ética- para demostrar la sublimación como invención de reglas eróticas en el vacío donde “no hay relación sexual”.